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Celebramos 45 años

Celebramos 45 años

VIVIENDAS DEL HOGAR DE CRISTO CELEBRA SUS 45 AÑOS EN GUAYAQUIL.

Padre Eduardo Vega: “Han sido 45 años también de misericordia y de trabajo”

12 de octubre de 2016 a las 18:06

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(Anastasio Gallego).- Fue una idea del hoy San Alberto Hurtado, jesuita chileno: conseguir vivienda para los que no la tienen.Hace 45 años esta idea prendió en Guayaquil -Ecuador a espaldas o en el corazón de otro jesuita: el P. Francisco García, el PADRE PACO; le siguió otro jesuita, el Hno. ROBERTO COSTAS, y ahora la lleva otro corazón jesuita, El P. EDUARDO VEGA y un montón de colaboradores, aportantes nacionales y extranjeros, voluntarios, nacionales y extranjeros, etc. El resultado es:

 

  • Más de 200.000 viviendas entregadas
  • Más de 340.000 microcréditos otorgados
  • Más de 90.000 enfermos atendidosanualmente
  • Más de 6.000 niños fuera del trabajo infantil.
  • Más de 600 casas emergentes entregadas ya a los afectados por el terremoto de abril.

 

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Este jueves 6 de octubre celebramos 45 años de trabajo. Estas fueron las palabras del P. Eduardo Vega en el acto de celebración:

“45 años. Qué fácil decirlo, sin embargo hay aquí una historia encerrada que sólo es posible reconstruir apelando a la memoria colectiva aunque, como sucede con nuestra propia memoria, sea frágil y escurridiza. Hitos y resultados de estos 45 años serán presentados más adelante.

¿Desde dónde leer este trasegar de 45 años? Habría muchos hilos conductores o claves de lectura. Permítanme hacerlo desde dos grandes pilares: fe y misericordia.

Cuando niño, me enseñaron que fe es creer en lo que no vemos porque Dios lo ha revelado. Hoy puedo decir que he experimentado que la fe es un salto al vacío confiando en las manos de Dios. Lanzarse a lo desconocido como Abraham, dispuesto a entregarlo todo, incluso a Isaac, el fruto de la promesa, porque se espera y se confía en El: “Haré de ti un pueblo numeroso y bendeciré tu nombre” (Gn.12.2)

Creer es esperar cuando ya no hay ninguna esperanza (Rom. 4,18), es confiar reconociendo nuestra propia fragilidad, es dejar de lado la tentación de echarlo todo por la borda: “A partir de entonces muchos de sus discípulos dejaron de seguirlo, y ya no andaban con él. Entonces, Jesús dijo a los doce: “¿También ustedes quieren irse?. Simón pedro le respondió: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y sabemos que tú eres el Cristo, el hijo de Dios vivo” (Jn 6,67-68)

Creer, y esto no es nada fácil, es estar dispuesto al despojo total por amor, incluso de la propia vida como Jesús. Evoco también a la viuda de Sarepta, como tan bellamente nos narra el primer Libro de los Reyes, en el capítulo 17: “Entonces Dios le dijo a Elías: “Vete a Sarepta, pueblo de la región de Sidón, y quédate a vivir ahí. Yo le he ordenado a una viuda que te alimente”. Elías se levantó y se fue. Cuando llegó a Sarepta vio a una viuda que estaba juntando leña. Entonces la llamó y le dijo: 


Por favor, tráeme un poco de agua en un vaso.

Cuando la viuda se volvió para traérselo, él le dijo:

– Tráeme también un poco de pan.

Pero la mujer le dijo:

  • Te juro por Dios que no tengo pan. Sólo tengo un poco de harina en una jarra y un poco de aceite en la botella. Ahora estoy juntando leña para ver qué preparo para mi hijo y para mi. Después de comer probablemente moriremos, pues ya no tenemos más.

 

Entonces Elías le contestó:

– No tengas miedo. Ve y haz lo que has dicho. Pero primero cocina un pequeño pan para mi y tráemelo. Después prepara pan para ti y para tu hijo, pues el Dios de Israel dice que no se terminará la harina que está en la jarra ni el aceite que tienes en la botella se agotará hasta que él haga llover otra vez.

 

La mujer fue e hizo lo que Elías le dijo, y tanto ella como su hijo y Elías tuvieron comida durante muchos días. Ni la harina de la jarra se acabó ni el aceite de la botella se agotó. “

Hemos creído, hemos esperado, hemos confiado. Todos, sin excepción, con luces y sombras, con dudas y temores, con alegría y generosidad desbordantes, nos hemos embarcado en esta aventura de alto, altísimo riesgo.

 

cenahc2016-3Han sido 45 años también de misericordia. “Sean misericordiosos como el Padre es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den y se les dará: recibirán medida generosa, apretada, sacudida y rebosante” (Lc 6, 36-37).
Misericordia que se expresa en solidaridad: “La solidaridad es la caricia misericordiosa de Dios” nos dice y nos repite el Papa Francisco.

 

Solidaridad que adquiere formas y tonalidades diferentes, motivaciones y rasgos diversos: Denles ustedes de comer pide Jesús a sus discípulos frente a una multitud hambrienta y abandonada como ovejas sin pastor; cargar la cruz sobre los hombros al pasar por allí, como Simón de Cirene; generosidad sin límites y sin fríos cálculos como el samaritano con el hombre asaltado y herido al borde del camino; la valentía y el atrevimiento de la Verónica, según la tradición de la Iglesia, para limpiarle el rostro sucio y sanguinolento de Jesús; la osadía de José de Arimatea para pedirle a Pilato el cuerpo de Jesús y darle sepultura.

Colaboradores, directores, voluntarios, donantes, auspiciantes, amigos y benefactores, todos, ineludiblemente todos, hemos hecho de Viviendas del Hogar de Cristo esa caricia misericordiosa de Dios para los más pobres y abandonados.


Que Dios nuestro Padre, todo bondad y ternura, continúe bendiciéndonos. “.

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